Diario de Lanzarote

Un pasisaje de extrma rudesa se extendia bajo mis pies.
Mis pies recorrian un terreno inexplarado para mi.
Nuevas texturas, sensaciones y sentimientos, alguna vez algo dolorosos, amenzaban el camino que yo habia decicido escojer.
Piedreas escarpadas y otras algo mas redondas masajeaben las plantas de mis pies.
    • Valia la pena volver? – me pregunte.

 
Una respuesta clara a mi pregunta surgio de lo mas inconciente de mi pensamiento.
    • Ni hablar.

 
La Caleta de Famara era un pasaje inhabitado a esas horas de la mañana.
La arena revelde inuntava caminos, patios y alguna que otra vivienda.
El viento movia mis cabellos y las olas se dejaban oir con fuerza.
Mi carga sin sentido disminuia de peso a medida que mis pies tocaban las arena osuras de las dunas que antecedian la playa, en ese momento en solitaria.
 
– Aqui soy – pense.
 
La paz inundava todo.
El viento, las olas, la humedad, las montanias y yo.
El cielo gris palido buscaba tornarse azul, mientras que las montañas esparan su momento de esplendor.
 
Poco a poco coprendi donde estaba.
Lentamente me di cuenta a donde me habian llevado todos aquellos caminos en los que me vi obligada a escojer alguna vez.
 
El orizonte destenido desparaecia a medida que el contraste aumentaba.
Los colores plomizos se desnudaban frente a mis ojos.
Mi respiracion se volvia mas lenta de tanto en tanto.
El espacio vacio se llenava de luz y kilometros de tierras se extendian frente a mis ojos.
 
 
 
 
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