28 años.

Una llamada algo anterior a lo esperado.
Una voz que en su momento supo ser una diaria melodia sonaba del otro lado del telefono.
 
Una velada bajo la bobeda celeste salpicada de estrellas con combinaciones de texturas y sabores que sorprendian mi paladar.
Una compania singular en todos sus aspectos.
 
Un mensaje un tanto divertido cargado de tradiciones mexicana.
Deseos que atravezaban kilometros.
Genetes que han estado.
 
 
Sueño. Sueños.
Una noche donde la paz hinundaba cada uno de los atomos en una pequeña habitacion de Santa Cruz de Tenerife.
 
Algunas horas mas tarde, un felino blanco y negro osaba acariciciar mis piernas con sus pequeñas garras.
Era Evita.
Queria que comenzemos el dia.
Unas horas mas de sueño, unas horas mas de paz se hacian necesarias para empezar con buen pie esa mañana.
 
Una pato que rompia el silencio como si de gallo se tratase.
Una llamada seguida de mensaje de voz memorable.
Mi cerebro en paz y mi cuerpo cansado reclamaban algo mas de tiempo en mi lecho.
 
Una lucha constante se inicia en mi fisioonomia.
Habria que levantarse.
 
Una sonrisa, un estado de paz y reposo interior que dificilmente habia conseguido anteriormente.
Cumplia 28 años.
 
Habia un plan: 16 kilometros entre montañas. 

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